EN EL PUNTO DE MIRA

La solución no está en quedarse con la calle

MIÉRCOLES, 19 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
La solución no está en quedarse con la calle
17-OCTUBRE-2012
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Hace años, el entonces ministro del Interior, Manuel Fraga, hizo una afirmación, al menos peligrosa, al señalar que “la calle es mía”. La solución a los problemas nunca está ahí y, en demasiadas ocasiones, reflejan un tic totalitario peligroso. Hoy, la necesidad de explorar nuevas vías se hace cada vez más perentoria y en ponerse a ello, sin dilación, nos va el futuro.

El domingo 7 de octubre, todos los grupos de la izquierda parlamentaria hicieron acto de presencia en una manifestación, respondiendo a la llamada de la denominada Cumbre Social que, dicen, está integrada por  cerca de  150 organizaciones de diferente tamaño y condición, entre las que sobresalen los sindicatos CCOO y UGT, en lo que se consideraba un acto de precalentamiento de la huelga general que previsiblemente se convocará para el 14 de noviembre.

Tanto las concentraciones del día 7, como la convocatoria de huelga general, en el caso de producirse, buscan, según los convocantes, dar una respuesta a los recortes efectuados por el gobierno del PP, así  como expresar el rechazo al proyecto de Presupuestos Generales del Estado para 2013. La solución a la pavorosa crisis económica, que acogota a la sociedad española, no parece estar ahí y quizá el gran problema al que se enfrenta nuestra sociedad es que “las instituciones” no han sabido, en cinco años de crisis, modificar los hábitos para hacer frente al tsunami que amenaza con arrasar todo lo pasado.

Aunque la convocatoria de huelga general no está decidida, ya que un fracaso en su seguimiento volvería a cuestionar el papel de los sindicatos de clase como viene ocurriendo en sus últimos intentos por “tomar la calle”, su anuncio ha sido suficiente para que Gobierno y organizaciones empresariales acusen, una vez más, a la izquierda de que cuando ésta pierde el poder en las urnas, trate de sustituir esa derrota por el dominio de la calle. Y en esa estrategia, la historia les avala ya que se recuerda y enfatiza que hace unos años, cuando en España la tasa de paro rozaba el 16 por ciento y mientras los sindicatos europeos preparaban concentraciones por toda la Unión para protestar contra el paro, Zapatero se daba un baño de multitudes en el congreso de UGT que reelegiría a Cándido Méndez como secretario general, pronunciando la frase que pasaría a la historia del sindicalismo: "Necesito vuestro cariño". Aunque el cariño verdadero ni se compra ni se vende, ese, concretamente, tuvo su reflejo en los Presupuestos Generales del Estado y cuando uno se acostumbra a vivir de cuantiosas transferencias con cargo al contribuyente, se convierte en un cuerpo cuyo único interés es obtener fondos públicos para crecer y perpetuarse.

Sea como sea, lo que está en cuestión por parte de muchos estudiosos, es el papel de unas organizaciones sindicales ancladas en tradiciones y estructuras de la época fordista de principios del siglo XX, que supuso que en Europa el sindicalismo se alineara con una doctrina marxista que concibe la sociedad como un ente dividido en clases sociales estancas y necesariamente enfrentadas. Hoy por hoy, oficialmente, esa disciplina se mueve en el extrarradio del sistema.

Muchos estudios de sociología ponen en duda el futuro del sindicalismo en España, afectado por una baja militancia, especialmente entre trabajadores jóvenes; una baja cobertura al estar presente principalmente en las industrias manufactureras y el sector público, y una falta de propuestas de futuro considerable que muchos identifican con intereses oscuros. Y lo que es más grave, una reacción conservadora al cambio que se plasma en la defensa de conquistas pasadas sin proponer, casi nunca,  reformas innovadoras audaces.

Los sindicatos españoles parecen empeñados en ignorar que la sociedad está en un proceso acelerado y obligado de cambio, como ocurre con cualquier otra economía avanzada, que cada vez más se basa en el conocimiento, en sectores de servicios, en el autoempleo, en el emprendimiento, en la especialización y  en la externalización, así como en la individualización de los sistemas de producción.

En este contexto, los críticos acusan a los sindicatos tradicionales como UGT y CCOO, de haberse convertido en parte del Estado, que viven de él, hasta el extremo de acusarles de ser una simple evolución del sindicato vertical franquista, que se interpone a la fuerza entre los trabajadores y los empresarios.

Así las cosas, los sindicatos y las fuerzas políticas de izquierda (la famosa correa de transmisión) se lo piensan, y mucho, a la hora de lanzarse a convocar una nueva huelga general cuyo fracaso solo puede servir para avanzar en el entierro de la actual estructura sindical, aunque hay quien considera que posiblemente solo así los sindicatos pueden, de una vez por todas, adoptar una nueva estrategia de modernización basada en la renovación de su visión de la economía y de sus procesos de producción, en la captación de nuevos grupos laborales, en la modernización de sus medios de campaña o en la internacionalización de su discursos y sus acciones.

Post-it
El fordismo hace referencia al modelo de producción en cadena que puso en práctica Henry Ford, fabricante de automóviles de Estados Unidos, cuando comenzó con la producción del primer automóvil en 1908   con una organización general del trabajo altamente especializada y reglamentada a través de cadenas de montaje, maquinaria especializada, salarios más elevados y un número elevado de trabajadores en plantilla,  hasta la década de los 70 del pasado siglo cuando fue reemplazada por el toyotismo. El fordismo resulta rentable mientras que el producto pueda venderse a un precio relativamente bajo en relación a los salarios promedio, generalmente en una economía desarrollada.

 

 
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