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Jordi Piñot: la competitividad como objetivo

JUEVES, 20 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
Jordi Piñot: la competitividad como objetivo
08-NOVIEMBRE-2012
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Jordi Piñot es presidente y CEO de Macsa, empresa familiar más que centenaria, que basa su éxito en su capacidad para adecuarse a los tiempos. Hoy es  proveedora de soluciones para identificación, codificación y marcaje, ofreciendo soluciones completas de trazabilidad, que aportan información sobre los productos desde su origen hasta su puesta a la venta y que permiten dilucidar rápidamente, por ejemplo, qué partidas del producto pueden estar en mal estado y así proceder a su inmediata retirada del mercado.

Macsa se creó en 1908. En sus orígenes se llamó Framun, y se dedicaba a la producción de sellos de caucho. Lejos de entrar en crisis generacional, como suele ocurrir a un amplio porcentaje de empresas familiares, se ha reconvertido hábilmente gracias, en buena medida, a este barcelonés de cincuenta años, sobrino nieto del fundador de la sociedad, Francesc Muncunill.

El cambio se produjo hace cerca de 30 años, como consecuencia de la solicitud por parte de sus clientes, de máquinas para imprimir las fechas de caducidad en productos de alimentación y, como casi todo en esta vida, la innovación consistió en aprovechar las oportunidades y aceptar el reto de inventar el futuro. Otros muchos siguieron fabricando sellos de caucho o cerraron sus empresas.

Cuando Macsa empezó a interesarse a fondo por el marcaje y codificación por tecnología láser, hasta el punto de llegar a patentar una tecnología que podía trabajar en cadenas industriales a altas velocidades, y cuando ya tenían los prototipos, pero no tenían dinero para hacer nada más, recurrieron a la empresa de capital riesgo 3i. 3i tomó el 40% de las acciones de Macsa y entonces pudieron "emprender la fabricación de un producto comercializable que se lanzó a los mercados exteriores”. En 1997, 3i salió del accionariado de Macsa, que pudo comprar sus participaciones merced a un acuerdo tecnológico con General Electric Company, por un importe de 7,5 millones de dólares, que licenció a la norteamericana para el uso de las patentes de la española hasta que su validez expiró.

Hoy Macsa es una empresa dinámica, quizá porque el dinamismo es la constante de Jordi  Piñot,  que tiene como referencia bibliográfica fundamentalmente dos títulos: Fueras de serie, de Malcom Gladwell, y Tráguese ese sapo, de Brian Tracy. Dos obras que cualquier emprendedor con aspiraciones innovadora debería tener en la mesilla de noche.

Hoy la empresa funciona como un reloj, lo que le permite  recorrer el mundo varias veces al año cuidando a los clientes y desarrollando una actividad comercial de representación que agota a cualquiera con solo escuchar su testimonio.  Pero la desaparición periódica del líder no significa que la empresa quede a la deriva. Todo lo contrario. "El trabajo interno lo tenemos muy bien liderado con los jefes de departamento, yo puedo dedicarme a tener contacto con el exterior". Los comités de dirección son diarios, suelen durar un máximo de 30 minutos y buscan  “que seamos nosotros los que nos montemos la agenda, no puede ser que el comité de dirección sea reactivo y marque su agenda en función de lo que entra por el correo electrónico".

La actividad de Macsa incluye la instalación de equipos y el know how necesario para su mantenimiento, reparación..., sin olvidar los servicios de consultoría precisos para llevar a cabo una correcta selección e instalación de la maquinaria, incluso de cara a asesorar a aquellos clientes que deben adaptar sus procesos productivos a una nueva normativa. “Cuando hacemos una instalación, nos casamos con el cliente para cinco o seis años”, ha declarado Piñot en alguna entrevista.

Macsa,  que no se ha visto tan perjudicada como otras empresas con la crisis por tener un mercado bastante diversificado, tiene la clave de su éxito en el hecho de que el diseño de productos en Macsa está orientado al aumento de la competitividad. En cuanto a la evolución del coste de las máquinas, con respecto a la capacidad productiva, cabe destacar que en 2003 fabricar un máquina de láser pequeña costaba 18.000 euros, frente a los menos de 3.000 euros que cuesta ahora, lo que se ha conseguido gracias al esfuerzo en I+D realizado. Una inversión que venía suponiendo un 10% de la facturación anual, porcentaje que se ha reducido al 7%.

Además, gracias a la evolución del diseño y a la mejora de los sistemas de producción, la empresa ha logrado un sustancial aumento del número de equipos producidos por persona. “Mientras en 2003 una persona producía tres máquinas al mes, ahora produce 18”.

Macsa ha desarrollado con el CDTI (Centro para el Desarrollo Tecnológico e Industrial) una veintena de proyectos desde 1989.

 
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