LA ENTREVISTA

José Ignacio Cubero, Premio Nacional de Genética en la categoría ‘Investigación en aplicaciones de la genética’

MARTES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
José Ignacio Cubero, Premio Nacional de Genética en la categoría ‘Investigación en aplicaciones de la genética’
02-ENERO-2013
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“Sin la mejora de plantas viviríamos como los hombres del paleolítico lejano”

Si unas semanas atrás traíamos a esta sección al doctor Andrés Moya, volvemos a entrevistar a otro Premio Nacional de Genética, en esta ocasión en la categoría de ‘Investigación en aplicaciones de la genética’. Nacido en 1939 en Puebla de Cazalla (Sevilla), José Ignacio Cubero es Catedrático de Genética de la Universidad de Córdoba, y ha obtenido este galardón “por su contribución a la mejora genética de plantas, especialmente las leguminosas de la agricultura mediterránea”. Es un firme defensor de la investigación porque, afirma, “se avanza si se protege la innovación, y la innovación necesita preparación y visión de largo alcance”.

¿Qué se puede conseguir con la mejora genética de las plantas?

La pregunta debería ser ¿Qué se ha conseguido con la mejora genética de plantas? Bien, pues todo lo que usted come. De momento, excepto la pesca (pero falta poco para que el pescado proceda de razas seleccionadas, como un ganado más) y alguna planta silvestre, como las collejas, los espárragos trigueros y cada vez menos setas, pues las hay en cultivo, como es bien conocido. Y no sólo lo que come, sino lo que bebe para alegrar la vida, como el vino y la cerveza. Y todo lo que viste salvo el plástico (bueno, la lana y la seda son productos de la mejora genética animal).

A lo largo de diez mil años, la selección, primero inconsciente, luego consciente y ahora científica, ha ido modificando el patrón hereditario de las plantas (y animales) utilizadas por el hombre para hacerlas más productivas, más adaptables a más ambientes, más vistosas (las ornamentales) y, aunque le gente no lo crea, de más calidad al haberle ido quitando una buena cantidad de productos no deseables que tienen todas las plantas silvestres (sustancias amargas, antinutritivas y incluso tóxicas: todos esos productos le sirven a la planta de defensa, la planta no puede correr cuando es atacada…). O sea, sin la mejora de plantas viviríamos como los hombres del paleolítico lejano. Le debemos la civilización.

¿Es posible que el sector agrario sobreviva sin invertir en investigación? ¿Dónde está el límite?

IM-PO-SI-BLE. Las variedades que llegaron al siglo XX (en algunos casos y países al XIX) fueron obtenidas tras una infinita cantidad de generaciones de agricultores que seleccionaron pacientemente año tras año el mejor grano, la planta con más semillas, la más alta o la más baja, el fruto más dulce, etc. Pero hoy en día, aunque queda “cancha” para seguir haciéndolo privadamente (y en España hemos tenido casos hasta no hace mucho), el aumento de población, la facilidad del transporte y de llegada a los mercados más diversos, la diversificación de la demanda, etc. hacen que se deba acelerar el proceso de obtención de variedades. No se puede esperar un siglo para tener “algo distinto”. Y eso requiere un esfuerzo en el conocimiento de la base hereditaria del carácter que queremos modificar y en la obtención de una nueva combinación de genes. Es lo que hizo el hombre a lo largo de la Historia pero de forma acelerada al conocer el mecanismo íntimo que regula los caracteres de la planta (hoy se fabrica mejor acero porque se sabe el mecanismo físico y químico con el que se forma). Y eso requiere personal bien formado, bien preparado y bien dotado. Ya lo entendieron así las casas comerciales de producción de semillas desde que se creó la primera allá a principios del XVIII. Y lo han entendido así los países que está a la cabeza de la producción agrícola en el mundo.

¿Qué camino hay que seguir para avanzar en la mejora vegetal?

Dar una buena base genética en los estudios de biología y agronomía. Esto es condición sine qua non. Parece algo sencillo, pero he de recordar que, en muchas de nuestras universidades, la Genética es una asignatura cuatrimestral que, en el mejor de los casos, a veces engloba a su aplicación directa, la Mejora genética. Hay Escuelas de Agrónomos en donde no existe como asignatura independiente. Esto se debe a lo caótico en la elaboración de planes de estudios en nuestro sistema educativo. Se pensó que con la biotecnología era suficiente, pero ésta es una herramienta para conseguir un fin que se debe integrar con las demás herramientas (selección, cruzamiento, mutagénesis, etc.) Ahora tenemos cantidad de biotecnólogos que no saben genética. Es como si tuviéramos muchos especialistas en la estructura del hierro pero que no supieran lo que es un edificio.

Ésa es una condición necesaria. Otra es el diseño de una política agraria coherente y consistente, de largo alcance, cosa inusitada en nuestro tiempo y país. Esa política ha de decir qué cultivos, qué sistemas de cultivo, qué uso (fresco, industria, etc.), qué comercialización, etc. En esa política se integra el trabajo del mejorador, que debe ser remunerado en lo personal y estimulado con la financiación pública o privada. Finalmente, ha de considerarse la protección de los derechos de propiedad intelectual relativos a la obtención de variedades vegetales. Se avanza si se protege la innovación, y la innovación necesita preparación y visión de largo alcance.

¿Qué le aporta su labor docente y qué su trabajo investigador?

La primera, la satisfacción de transmitir conocimiento, y éste debido a la preparación teórica y a la experiencia. La clase es la vivencia del profesor. El que no ha investigado ni ha movido su cuerpo por los foros adecuados da una clase como si le leyera un libro a los alumnos para que copiaran. Yo he dicho en clase cosas que no diría en ningún sitio, cosas que he visto en forma de malas prácticas que no deben aconsejarse aunque luego, en la vida profesional, cada cual hará lo que quieran. Pero que no digan que no se les dijo “eso está mal hecho”. Vender bolígrafos donde no llega el papel, por ejemplo. Por eso no creo en sistemas educativos basados en el “ordenata” y en internet. Como la clase de un profesor, nada.

Y la investigación, pues cumplir una vocación (resolver problemas) y cumplir con los objetivos que la sociedad ha depositado en mí, y para eso me ha mantenido (resolver problemas). Mantenerse vivo teniendo que estudiar, hablar, proyectar, escribir, fracasar, acertar. Investigar es mantenerse vivo y transmitir esa vivencia.

¿En qué está trabajando actualmente?

Ahora estoy jubilado, pero creo que como si no lo estuviera, con las desventajas de una y otra situación, pero feliz y contento porque creo que las neuronas siguen respondiendo por ahora. Sigo en dos proyectos de investigación, como codirector en dos tesis doctorales, participo en reuniones de mis antiguos colaboradores (que aún me consultan algunas cosas), en actividades de extensión de mi Universidad, soy consejero de una empresa más activa en el exterior que en el interior, doy charlas y conferencias cuando me invitan, aún escribo algunos artículos de índole científica (o, simplemente, colaboro en su redacción), y escribo dos libros que tengo contratados y en los que ya estoy fuera de plazo. A veces pienso que vivía más tranquilo en activo…

 
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