LA ENTREVISTA

Dr. Gurutz Linazasoro, presidente de Inbiomed (y mucho más)

SABADO, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
Dr. Gurutz Linazasoro, presidente de Inbiomed (y mucho más)
29-ENERO-2013
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Elías Ramos

"Una idea creativa debe ser útil, relevante y efectiva, y debe encajar en un contexto cultural determinado que dé sentido a lo creado"

Elías Ramos.

El Dr. Gurutz Linazasoro es una indiscutible personalidad de prestigio internacional en el campo de la investigación médica y de la innovación. En la actualidad es presidente ejecutivo de la Fundación Inbiomed, director del Centro de Investigación Parkinson de la Policlínica de San Sebastián y director científico de la Fundación CITA Alzheimer. En materia de innovación, entendida en el plano general, son numerosas las intervenciones en las que ha dado a esta la dimensión necesaria para que sea uno de los soportes de la economía. El sector en el que desarrolla su actividad es, sin lugar a dudas, uno de los focos mundiales de atención en materia del avance en biomedicina, como lo demuestra el hecho de que el último Premio Nobel de Medicina a Shinya Yamanaka y John B. Gurdom lo ha sido por investigaciones en este mismo sector de investigación relacionado con las cédulas madre y la clonación. 

En los últimos años hay una amplia corriente de pensamiento, en la que se encuadran Alain Minc y Umberto Eco, por ejemplo, que mantiene que vivimos desde hace años en una etapa de transición similar a la Edad Media. ¿Quiere decir eso que el cerebro humano no es capaz de asumir el volumen creativo e innovador de los últimos años y que, en consecuencia, no es capaz de ordenar la sociedad de forma acorde a esa realidad? 

 

Tal vez no sea una cuestión de capacidad cerebral como tal, sino de la capacidad de cerebros individuales (si pocos o muchos es otra cuestión). El cerebro es muy plástico y es capaz de adaptarse a casi todo. Por eso la capacidad de supervivencia del ser humano es enorme. Vivimos unos tiempos en los que los cambios se suceden de una manera exponencial en términos cuantitativos y esto supone una dificultad añadida, pero en absoluto insalvable. Otra cuestión más discutible es si el ser humano puede ser más inteligente.

 

Aquí chocamos con varias dificultades: una es el concepto de inteligencia y otra es el cráneo. Si consideramos la inteligencia con los parámetros estándar (coeficiente de inteligencia, etc) y tenemos en cuenta que el cerebro está encerrado en la cavidad craneal y no puede crecer más, hay datos que sugieren que ya no podemos ser más inteligentes porque el cerebro no puede aumentar su eficiencia sin consumir demasiada energía o sin disminuir la velocidad de las conexiones neuronales a extremos insostenibles o sin que la actividad de las neuronas genere tanto ruido que conduzca al caos. ¡Malas noticias!... pero pueden ser solventadas con redes de cerebros como por ejemplo, internet, o con soluciones próximas al transhumanismo, como la implantación de chips para “aumentar” nuestra capacidad de conocimiento.  

 

Se lo pregunto porque leía recientemente que Internet es capaz de transformar el cerebro de la persona. ¿Es posible que estas nuevas tecnologías puedan estar transformando el sistema nervioso en su conjunto hasta ese punto?

 

Internet ha supuesto una gran revolución para la humanidad. Sin duda, está modificando el cerebro, tanto su anatomía (expresión de genes, conexiones, etc) como su fisiología. De hecho, desde su implantación masiva, nuestras conductas, que son la expresión del funcionamiento del cerebro en un contexto social determinado, han variado.

 

Ha cambiado nuestro modo de relacionarnos, nuestra visión del mundo, nuestra manera de solucionar problemas, la educación escolar, la formación, la investigación y los negocios. Internet ha hecho que abarquemos más cosas profundizando mucho menos en ellas.

 

El riesgo es crear personas con conocimientos superficiales de múltiples cosas, que si desconocen los contextos conceptuales, se convierten en sabios ignorantes. Y personas que buscan la inmediatez en todo. En definitiva, gracias a Internet (o por culpa de Internet, según se mire), los seres humanos somos diferentes, ni mejores ni peores, simplemente diferentes.   

 

Usted convive diariamente con la investigación y, en consecuencia, con la innovación. ¿Cómo cree que debe ordenarse esta actividad que supera con mucho las organizaciones burocráticas que derivan de épocas mucho más escasas en la actividad investigadora?

 

Si queremos ocupar una posición de privilegio en el orden económico mundial, tenemos que exigirnos una permanente actividad de innovación que nos dé ese toque diferenciador que genera valor añadido. La innovación puede verse como una tarea continua que mejore todos los procesos de la empresa (gestión, producción, comercialización, etc) o como algo disruptivo, más arriesgado. En los sectores económicos emergentes (biotecnología, energías renovables, fabricación basada en nanotecnologías,…) es más fácil que ocurran fenómenos de innovación disruptiva, muchas veces al amparo de la llegada de avances tecnológicos que hacen posible lo que meses atrás era impensable.  

 

Los últimos tiempos son abundantes en la literatura sobre la empresa y ésta no es ajena hacia las interpretaciones neurológicas del mundo de la gestión empresarial. ¿Cómo es una empresa desde ese punto de vista y cómo deben ser sus gestores?

 

Es difícil encontrar una respuesta única porque cada empresa sigue un modelo específico, que depende en gran medida de su área de negocio y de sus objetivos concretos. No es extraño ver diferentes modos de gestión en diferentes departamentos de una misma empresa. Y es muy lógico. El sector biotecnológico tiene sus particularidades. Los avances científicos ocurren muy rápido y dependen de la tecnología, el modelo de negocio  es muy “particular” con un riesgo elevado por la incertidumbre (que solo se solventa con más investigación), los resultados tardan en verse (procesos muy largos de entre 10 y 15 años), es muy difícil diferenciarse y el valor añadido es muy alto. Además, se trabaja en un área de gran impacto social porque la salud importa a la ciudadanía. Con todos estos elementos, la empresa biotecnológica debe incluir grandes dosis de confianza en los científicos, innovación y dinamismo en el eje argumental básico de toda empresa: gestión eficiente de recursos, productividad y competitividad. Alcanzar esta mezcla simbiótica no es tarea fácil. 

   

Los que no somos especialistas, a veces utilizamos palabras que pueden ser inexactas para definir estados de ánimo o conductuales de una sociedad. ¿Puede decirse, por poner un ejemplo típico, que estamos inmersos en una especie de esquizofrenia social?

 

La esquizofrenia es el término médico utilizado para describir lo que popularmente se entiende por locura, lo cual implica irrealidad, una ruptura con la realidad. Y no creo que la sociedad sea esquizofrénica pero indudablemente es contradictoria, paradójica y esto puede llevar a la interpretación errónea de “esquizofrenia social”.  El ser humano, y por extensión las sociedades en las que vive, es contradictorio por naturaleza.

 

Nosotros -Innovaspain- hablamos de innovación. ¿Existe en nuestro sistema nervioso algún lugar en el que habite el espíritu innovador o es una cuestión cultural exclusivamente?

 

La capacidad de crear es un rasgo sobresaliente del ser humano. Desde el fuego hasta el átomo, nuestro desarrollo social ha venido marcado por chispazos innovadores. Creatividad e innovación son casi sinónimos; al fin y al cabo, la innovación no es más que la creatividad aplicada. Los momentos de brillantez surgen de procesos cognitivos complejos cuyos secretos se van desvelando. Todos somos creativos; las dotes de creatividad no son exclusivas de un puñado de personas geniales o muy inteligentes.

 

Los “termitas” eran un grupo de niños prodigio que participaron en un estudio de seguimiento a largo plazo dirigido por Lewis Terman (en este caso “termita” viene de Terman). La mayoría acabaron ocupando profesiones de responsabilidad, pero pocos destacaron por su espíritu innovador. Tampoco se detectó una creatividad exagerada en un grupo de arquitectos con coeficientes de inteligencia superiores a 120. Esto podría deberse a que los test de inteligencia miden el pensamiento convergente (tiende a buscar la respuesta correcta y ortodoxa a un problema del modo más rápido), mientras que el tipo de pensamiento que subyace a la creatividad es el divergente (tiende a buscar muchas posibles soluciones por diferentes vías). 

 

¿En qué área del cerebro reside la creatividad? En ninguna en concreto. En los años 60 del pasado siglo, Sperry y Gazzaniga estudiaron pacientes con epilepsia grave a los que se había separado ambos hemisferios cerebrales para evitar la propagación de los ataques. Esto permitió estudiar la función de cada hemisferio cerebral de manera individual y comprobaron que el hemisferio derecho estaba más implicado en funciones creativas mientras que el izquierdo era más analítico, responsable de la mayoría de aspectos de la comunicación (lenguaje oral, escrito y corporal), de las capacidades matemáticas y de hilar los pensamientos.

 

El hemisferio derecho procesa imágenes, melodías, la expresión facial o la orientación del cuerpo en el espacio. De hecho, cuando se está inmerso en tareas creativas, se activan de manera preferente áreas del lado derecho del cerebro y pacientes con lesiones de esas regiones cerebrales pierden su talento creativo para la pintura, la poesía o la música. No obstante, no todas las ideas que surgen del cerebro son innovadoras.

 

Una idea creativa debe ser útil, relevante y efectiva y debe encajar en un contexto cultural determinado que dé sentido a lo creado. Estos condicionantes los pone el hemisferio izquierdo, “serio” y analítico, que controla las “locuras” del derecho. Es verdad que para componer una sinfonía, hay que saber música. Sin embargo, el pensamiento creativo no es sólo cuestión de aptitud y también se puede facilitar buscando las condiciones ideales: mantenga un espíritu curioso, motívese, sea un poco rebelde y vaya contra principios aceptados, y relájese. 

 

Usted es neurólogo y se dedica a la investigación de dos de las enfermedades más modernas de las conocidas. Me refiero al parkinson y el alzheimer. ¿Dónde estamos y dónde estaremos en el próximo futuro, por ejemplo en 2020?

 

Es complicado hacer pronósticos y dar plazos en el mundo de la investigación biomédica en general y en torno al párkinson y al alzheimer, en particular, por dos razones: por una parte, son enfermedades muy complejas de etiopatogenia multifactorial y, por otra parte, se producen avances científicos y tecnológicos a gran velocidad que pueden suponer pasos de gigante para la solución de estas enfermedades. Lo que sí es muy cierto es que la biomedicina del futuro va a descansar sobre dos pilares: la ingeniería genética y la ingeniería de tejidos. 

 

La ingeniería genética es clave para la medicina personalizada, la reprogramación biológica, la terapia génica y el diagnóstico preimplantacional y otras formas de medicina preventiva y la ingeniería de tejidos parte de la interacción entre células y biomateriales y es esencial para la reparación, regeneración o generación de nuevos órganos y tejidos. Para ello son imprescindibles las poderosas plataformas de genética y diversas –ómicas, de biología celular, de nanotecnología, de impresión en 3D y de inteligencia artificial (robótica) y computación masiva de datos. La convergencia entre diversas disciplinas es esencial para dar una respuesta adecuada a estos retos.

 

La prevención, mediante modificaciones del estilo de vida o medicina genética tras un diagnóstico muy precoz, será un objetivo prioritario de todas las políticas sanitarias (y económicas). Confío en que todas las investigaciones que hay en marcha den sus frutos en un periodo de tiempo lo más breve posible. Estamos ante dos enfermedades directamente vinculadas con el envejecimiento de la población y que suponen un desafío cuyo impacto sociosanitario de futuro será superior al de la crisis económica en la que actualmente estamos inmersos y pondrá en grave riesgo el estado del bienestar. Tenemos que anticiparnos con más investigación y más innovación. 

 
 
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