EN EL PUNTO DE MIRA

Reforma sanitaria: ni interés, ni voluntad

MIÉRCOLES, 26 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
Reforma sanitaria: ni interés, ni voluntad
10-ABRIL-2013
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redacción// @InnovaSpain

Los consejos generales de los colegios oficiales de médicos y enfermeros, un colectivo que suma 500.000 profesionales sanitarios, parece que se han puesto serios y han decidido de forma conjunta avisar a los responsables políticos  de que  los recortes en sanidad están amenazando el futuro del Sistema Nacional de Salud, a la vez que denuncian que el riesgo de “desmantelamiento” es cada vez más evidente y califican la situación de “muy grave”. No parece que la ideología presida este último posicionamiento.

Los responsables de ambos colectivos profesionales han decidido endurecer su discurso, parapetados en un estudio que presentan como alternativa   para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, algo que hoy no está garantizado por el hecho de contar con un Ministerio de Sanidad carente de competencias.

No se sabe a ciencia cierta si España fue el origen del famoso axioma de que si no quieres resolver un problema crea una comisión. Hoy la comisión del aforismo  ha sido sustituida por el estudio que, al parecer, tiene la misma validez y el mismo destino y el asunto sería de sainete si no fuera porque encierra un cierto patetismo y está en juego un sistema sanitario que ha sido modélico y sobre el que existe un total consenso en que lo siga siendo.

No deja de sorprender la aparición de un nuevo informe, cuando esta práctica de los informes, se ha demostrado, como tantas otras cosas, absolutamente inútil.

El último intento serio y con destino el olvido, fue el estudio amplio y riguroso elaborado en 2010 con la Comisión Permanente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos de España-Organización Médica Colegial (OMC) y la Fundación Kovacs. Un grupo de selectos expertos analizaron  durante unos meses el proceso con el que se adoptan y se usan las innovaciones sanitarias en la sanidad española, con el objetivo de identificar sus deficiencias y recomendar las acciones que deberían acometerse para mejorarlo. Las propuestas fueron debatidas y en el documento final participaron cuantos investigadores, clínicos y gestores sanitarios lo consideraron oportuno.

Al final del proceso, un elevado número de recomendaciones, bien estructuradas y bien planteadas, enriquecidas con todas las aportaciones transparentes e intelectualmente rigurosas, con el fin de optimizar su utilidad para mejorar la calidad de la asistencia sanitaria y la sostenibilidad del sistema, se plasmaron en recomendaciones de todo tipo dirigidas a la OMC, a las universidades, a la agencia española del medicamento, a los servicios de salud y sus gestores, a los parlamentos, a las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias o a actuaciones relacionadas con la adopción de pruebas diagnósticas, entre otras.

Entre las recomendaciones, algunas tan “disparatadas” como:
•    Evaluar periódicamente el rigor y la validez de los informes de las agencias mediante su publicación en revistas científicas de ámbito internacional y la difusión pública de esos informes.
•    Hacer disponibles en una página Web de acceso público todos los informes que realice la Agencia Española del Medicamento con relación a la evaluación de un fármaco o agente diagnóstico.
•    Asegurar la transparencia del uso de los recursos de las agencias, haciendo público periódicamente sus resultados a través de una página web de acceso gratuito.
•    Constituir un registro de las relaciones económicas entre la industria sanitaria y los profesionales y entidades sanitarias.
•    Constituir un registro de denuncias de “malas prácticas” de la industria.
•    Crear los mecanismos necesarios para separar la aprobación de la venta de un fármaco o agente diagnóstico en el ámbito privado, de la obligatoriedad de financiarlo con recursos públicos, de acuerdo con una serie de criterios
•    Financiar solamente el uso de las tecnologías comprobadamente eficaces, seguras, efectivas y eficientes.
•    Dejar inmediatamente de financiar las tecnologías comprobadamente ineficaces o injustificadamente peligrosas que actualmente están pagando.
•    Abrir la participación en el proceso de evaluación y adopción de las innovaciones sanitarias.

Dos años y medio después de tan “alucinantes” propuestas, ni una de ellas ha sido tomada en consideración.

¡Más madera! como diría el otro.

 
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