EN EL PUNTO DE MIRA

La chapuza nacional emerge, una vez más, en Pescanova

SABADO, 22 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
La chapuza nacional emerge, una vez más, en Pescanova
24-ABRIL-2013
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Si el objetivo de la Comisión Nacional del Mercado de valores (CNMV) es velar por la transparencia de los mercados de valores españoles y la correcta formación de precios, así como la protección de los inversores (61% de free float en el caso Pescanova), habrá que convenir que la CNMV no ha cumplido con su razón de ser en el caso Pescanova y se ha convertido en la última responsable de que, una vez más, una empresa española -el cuarto grupo pesquero del mundo- esté en boca de los inversores de medio mundo, haciendo más difícil la tarea de Carlos Espinosa de mejorar la Marca España.

Y ya puestos, habrá que poner en la picota, igualmente, el papel jugado durante un largo periodo de tiempo por el Consejo de Administración de la cotizada, cuyos consejeros no parecían enterarse de casi nada, hasta que dos accionistas de referencia (Carceller y su Grupo Damm y el fondo luxemburgués, Luxempart) decidieron dinamitar la placidez monástica del Consejo, cuestionando el papel de estos órganos que todos han tratado de regular.

Nombres como el de Antonio Basagoiti, presidente de Banesto y consejero de Santander, y consejero de Pescanova desde hace casi veinte años, parecen haber jugado durante ese periodo el papel de floreros, dando por buenos los números que se les ponía sobre la mesa y que escondían la magnitud de una deuda, distorsionada y oculta entre las muchas filiales que integran el grupo pesquero y manejadas todas ellas por los Fernández de Sousa -padre e hijo-, que para eso Pescanova es una empresa familiar.

Las cajas de ahorro gallegas, que hasta hace un par de años contaron con un peso importante en la estructura de capital de la pesquera, no jugaron, ni mucho menos, un papel secundario por mucho que al día de hoy su única herencia física sea la del  hijo del ex director general de Caixa Galicia, el consejero supuestamente independiente, Yago Méndez.

Tampoco pueden irse de rositas, una vez más, los auditores -BDO y KPMG, en este caso-  que no supieron o quisieron ver la magnitud del problema que desembocó en un concurso de acreedores que  puede terminar de muy mala manera para miles de pequeños accionistas y más de 10.000 empleados del grupo gallego.

 
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