EN EL PUNTO DE MIRA

La otra cara de la moneda del brillante comportamiento de las exportaciones

MIÉRCOLES, 21 DE FEBRERO DE 2018  
La otra cara de la moneda del brillante comportamiento de las exportaciones
05-JUNIO-2013
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Entre los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre el comportamiento de la economía española durante los tres primeros meses del año, se repite el patrón seguido en los últimos trimestres: deterioro de la demanda nacional compensado en parte por la demanda externa; sobresale el hecho de que las exportaciones habrían sido menos dinámicas por la recesión de la Eurozona y las importaciones habrían aminorado su retroceso. Ambos aspectos apuntan, aunque muy someramente, a dos elementos que hasta el momento, han salvado de la debacle a la economía española, aunque sea únicamente desde el punto de vista estadístico.

Sin poner en duda el buen comportamiento de las exportaciones en los últimos años como consecuencia de una intensa caída de la demanda interna, el comercio exterior español tiene una doble lectura debido a que la reducción del déficit comercial español en un 33,6% en 2012 no solo es consecuencia del incremento de las exportaciones en un 3,8%, sino también de la caída de las importaciones en un 2,85%: 222.644 millones de euros frente a 253.401 millones.

Aunque lejos del desbordante e interesado optimismo mostrado por el Gobierno con respecto a las ventas al exterior de las empresas españolas, lo cierto es que las exportaciones están tirando de la actividad económica y que la contribución del sector exterior al crecimiento del PIB se sitúa en 2,4 puntos, si bien su crecimiento se ha fundamentado, en buena medida, en la mejora de la competitividad de las empresas, destacando en ese capítulo la rebaja de costes laborales, lo que puede convertir a España en una factoría barata respecto a sus socios europeos. Una referencia: en Francia, el salario mínimo interprofesional supera los 1.400 euros mensuales mientras que en España apenas llega a los 750 euros.

Por lo que respecta a las importaciones y dejando a un lado la gran dependencia española del exterior en productos energéticos, los resultados de nuestras compras al exterior muestran una preocupante caída en la compra de bienes de equipo y tecnología, lo que vendría a demostrar que las empresas españolas no renuevan su aparato tecnológico y productivo ante la falta de actividad, algo que terminaran pagando cuando vuelva el ciclo alcista de la economía.

Lejos de un cambio de modelo productivo, siempre anunciado, pero que nunca llega, España está haciendo lo que ha hecho casi siempre y como ahora no puede devaluar la moneda porque es el BCE el que dirige la política monetaria, las empresas españolas tratan de sobrevivir vendiendo al exterior aplicando recortes salariales y reduciendo gastos de producción al máximo.

Aunque, si bien es cierto que de no ser por el incremento de las exportaciones, el PIB de España estaría cayendo entre un 3,5 y un 4%, en lugar del 1,4%, la realidad es que el buen comportamiento de nuestra balanza comercial no se está consiguiendo por el incremento de la inversión productiva o el desarrollo de sectores con mayor valor añadido -un ejemplo podría ser la moda española, que sirve para vender producto, imagen y diseño-, sino por la caída de los costes laborales.

Pero para optar a ese otro modelo resultaría imprescindible ganar competitividad y mejorar las exportaciones mediante el aumento de inversiones en I+D+i, alternativa para mejorar la calidad de los productos, valor añadido de los mismos y conseguir una sustancial reducción de los costes empresariales.

Sin embargo y, como consecuencia de la crisis económica, el gasto español en I+D lleva dos años consecutivos cayendo y alejándose del gasto medio de la UE que viene a situarse en el 2% del PIB. España destina apenas el 1,30%. A más a más, la proporción de inversión privada en el gasto total nacional de I+D se sitúa en España en el 52%, lejos del 65% de la media de la OCDE y a 25 pp de países como Japón en donde se alcanza el 77%.

Otra cuestión a tener en cuenta a la hora de analizar la evolución de nuestra actividad comercial en el exterior está relacionada con la conocida como “guerra de divisas” y que ha llevado a sectores exportadores españoles a una profunda crisis. Es el caso de un sector como el del calzado que ha visto como la apreciación del euro han supuesto caídas de la cuota de mercado en países como USA o Latinoamérica de más del 30 %. Aquí, como en otras cuestiones, el BCE es acusado de actuar como un redomado don Tancredo.

 
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