LA ENTREVISTA

Juan Martínez-Barea, Profesor de Innovación y Entrepreneurship del Instituto Internacional San Telmo

SABADO, 24 DE FEBRERO DE 2018  
Juan Martínez-Barea, Profesor de Innovación y Entrepreneurship del Instituto Internacional San Telmo
23-JULIO-2013
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"Es el momento de innovar o morir" 

Juan Martínez-Barea vive en Sevilla, pero sus raíces están en Macael, pueblo de la provincia de Almería desde donde su padre tuvo que emigrar en busca de trabajo. Su pasión por la innovación arranca desde muy temprano, de cuando su interés por la tecnología le lleva a estudiar ingeniería.
 
Ingeniero especializado en Organización Industrial por la Escuela Superior de Ingeniería de Sevilla, Juan Martínez-Barea descubre en la Universidad otra de sus pasiones: el sector empresarial. Por medio de una beca ERASMUS, cursa el Máster en Economía de la Escuela Central de París para, pocos años más tarde, dirigir sus pasos hacia Estados Unidos. Es allí donde integra sus dos pasiones, innovación y empresa, con la obtención del MBA en Dirección de Empresas del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
 
Director y Profesor de Innovación y Creación de Empresas en el Instituto Internacional de San Telmo, es asimismo Director General de la Fundación Eduarda Justo (Grupo Cosentino), una institución especializada en liderazgo. Además, Martínez-Barea ha sido consultor en McKinsey y en el Grupo Abengoa, así como Secretario General de Innovación de la Junta de Andalucía, cargo que aceptó para aportar su experiencia y conocimiento en esta materia a la región en la que nació, donde vive y con la que siempre ha estado muy comprometido.
 
De hecho, fue este compromiso con sus raíces lo que permitió que Andalucía, a través del Instituto Internacional de San Telmo y en colaboración con el Instituto Tecnológico de Massachusetts, contase con la Primera Competición de Planes de Negocio del sur de Europa, a través del lanzamiento del Programa 50K, que Juan Martínez-Barea impulsó y con el que se logró capturar una inversión privada superior a los 20 millones de euros para la puesta en marcha de más de doscientos proyectos empresariales.
 
Socio fundador de diferentes empresas tecnológicas, Juan Martínez-Barea es uno de los profesionales que mejor puede explicar la importancia de dos vectores, innovación y emprendimiento, claves para impulsar las economías y fundamentales para enfrentarse con garantías de éxito a la actual crisis.
 
¿De dónde le surge el interés por la innovación?
Me surge de mi pasión por la tecnología y por la empresa, de ese binomio. Por eso me especialicé en el MIT en Innovación y Creación de Empresas Tecnológicas. Cuando regresé a España en 1998 volví absolutamente convencido de que esa era la vía del cambio y el crecimiento. Por ello, desde entonces mi mundo ha sido el de la creación de empresas tecnológicas y la innovación.
 
¿Dada su formación académica, no habría sido más lógico dedicarse a la consultoría estratégica?
Absolutamente y, de hecho, cuando terminé el MIT no solo tuve ofertas para trabajar en distintas consultoras, sino que llegué a hacerlo en algunas. Sin embargo, me gustó tanto lo que vi en el MIT sobre el proceso de creación de empresas que decidí abandonar esa vertiente y volcarme en el apoyo e impulso a emprendedores.
 
En ello tuvo mucho que ver el programa 50K, que conocí en mi paso por el MIT y del que participé activamente, pues era un proyecto que dirigían los estudiantes. Era toda una revolución entonces en Estados Unidos, ya que se trataba de un “mundo” nuevo, el del capital semilla, el capital riesgo o la profesionalización de empresas tecnológicas. Me entusiasmó tanto que me propuse traerlo a España.
 
¿Y por qué lo implantó en Andalucía y desde el Instituto Internacional San Telmo?
Porque en España en general y en Andalucía en particular siempre ha habido carencias en el ámbito del emprendimiento y la innovación que, aunque conocía, pude comprobar mejor cuando estuve fuera y me di cuenta de las diferencias existentes: ¡aquí hay que ser un héroe para montar una empresa!
 
Por eso, cuando regresé, en 1998, decidí que el Proyecto 50K era replicable y que podría tener un gran recorrido en Andalucía. Pensé que el Instituto Internacional San Telmo era una buena plataforma para impulsarlo. Y así fue porque enseguida apoyaron esta iniciativa, hasta el punto que la propia directora del Proyecto 50K en el MIT, Sally Shepard, vino a Sevilla a ponerlo en marcha junto conmigo.
 
¿Qué balance hace del Proyecto 50K, 13 años después de su lanzamiento?
Muy positivo. Hay que tener en cuenta que fue una revolución y que fuimos pioneros en apostar por la innovación y la creación de empresas. Gracias a ello, y al respaldo dado por el Instituto Internacional San Telmo, se han lanzado a lo largo de estos años más de 200 empresas tecnológicas y se ha generado valor en Andalucía y en toda España.
 
Nuevamente su compromiso con Andalucía, una constante en su currículo, que le llevó a dejar el sector privado para, temporalmente, incorporarse a la Secretaría General de Innovación de la Junta de Andalucía. ¿Por qué?
Para tratar de contribuir a paliar esas carencias que, en el ámbito de la innovación, hay en España en general y Andalucía en particular. No solo basta con promover la creación de proyectos empresariales; también es necesario crear el marco adecuado para que estos proyectos perduren.
 
Nuestras empresas, en buena parte de los casos, muestran evidentes hándicaps frente a las de otros países ya que no apuestan por la innovación como valor diferencial. En términos generales, sobreviven, bien porque compiten en mercados protegidos, bien porque lo hacen en mercados de demanda donde todo se vende. Y aunque esto es bueno, pues demuestra que hay mucho espíritu emprendedor, también tiene su lado negativo, puesto que hay centenares de empresas que hacen lo mismo, que aprovechan una tendencia de negocio creciente pero que luego no sobreviven, cuando la demanda cae, porque no innovan y no son verdaderamente diferenciales.
 
Para intentar revertir esta situación, trabajo desde hace años tanto desde el sector privado como desde el público. En este caso concreto, me comprometí a permanecer dos años (2009 y 2010) en la Secretaría General de Innovación porque pensé que podía hacer muchas cosas por Andalucía.
 
 
¿Y qué balance hace de su paso por la Administración Pública? ¿Qué destaca?
Personalmente fue muy enriquecedor. Además, el balance fue positivo, pues lancé todos los proyectos que pude para impulsar la innovación, algunos de ellos aún activos.
 
De hecho, y aunque fueron varias las iniciativas puestas en marchas, hay una especialmente interesante que, nuevamente, surge de mi paso por el MIT de Massachusetts, que se produjo en una época en la que no había becas de ningún tipo. Eso me hizo pensar en la posibilidad de lanzar un proyecto que permitiera a los estudiantes valiosos disponer de los recursos necesarios para poder desarrollar su talento y mejorar sus capacidades en las mejores universidades del mundo. De ahí surgió Becas Talentia, el primer programa y el más potente del sector público en España en este ámbito.
 
En definitiva, con Becas Talentia decidimos invertir 40 millones de euros para enviar a 1.000 talentos andaluces a hacer programas de postgrado en las mejores universidades del mundo, persiguiendo en los participantes la excelencia no solo en el ámbito intelectual, sino también en el personal. Gracias a ello, actualmente contamos con más de 300 andaluces que han estudiado programas de postgrado en universidades tan prestigiosas como por ejemplo Harvard, Cambridge, Insead o Columbia, logrando con ello los objetivos marcados: no solo detectar sino tratar de retener ese mismo talento en Andalucía.
 
En su discurso está siempre presente la palabra innovación pero, ¿cómo se mide?
Es muy difícil porque lo que se suele medir, no solo aquí sino en toda Europa, es el I+D, que es solo una parte de la innovación, pues corresponde a la innovación tecnológica. Si bien, la innovación radical, la que cambia mercados, es la innovación de modelos de negocios, aún más complicada de medir.
 
Y aunque no hay manera de medirla, lo que sí se sabe es que el retorno de la innovación es exponencial. Eso y que las empresas más innovadoras son, en primer lugar, las que tienen la capacidad de lanzar de manera sistemática nuevos productos que revolucionan mercados y, en segundo lugar, las que lideran y tienen la capacidad de crecer en los mercados internacionales.
 
Estos dos son los outputs pero no los inputs. Y ahí precisamente radica el reto de la innovación: en que es un gran intangible y por eso es tan difícil de impulsar.
 
A pesar de ello, y como experto en la materia, ¿cómo impulsaría la innovación dentro de una empresa?
Innovar es una apuesta a medio plazo y por ello su pilar es el liderazgo. Es decir, tiene que ser el máximo directivo de la empresa quien apueste por ella y quien se encargue de contagiar esta convicción al resto de su equipo; quien fomente una cultura de innovación en la empresa.
 
Ello conlleva la creación de un equipo vertical, que piense única y exclusivamente en la innovación, pero que se encargue de que esta fluya por toda la compañía, pues la innovación ha de recorrer transversalmente a las empresas.
 
Y claro está, para impulsar la innovación es fundamental la continuidad y la constancia, es decir, la puesta en marcha de proyectos concretos que, de manera sistemática, generen, valga la redundancia, “nuevas” innovaciones.
 
¿En qué sectores es más fácil innovar?
No hay sectores diferentes para la innovación. Por ello, la única forma de abordar la innovación es como antes he explicado: por medio del liderazgo, desde la cúspide de la pirámide de mando.
 
Pero además, hay que tener en cuenta una realidad de la que ningún sector puede abstraerse que no es otra que las grandes tendencias que están cambiando el mundo. De hecho, todos los mercados o sectores convergen en tres tendencias: la comoditización, la hiperglobalización y la polarización.
 
La innovación es clave para poder afrontar cualquiera de estas tendencias. Y específicamente en el caso de la polarización, con clientes que para cualquier mercado piden siempre lo mismo, o muy alto valor añadido o muy bajo coste, la innovación, que otrora se impulsaba como factor diferencial, ahora se ha convertido en un factor de necesidad.
 
Así que no queda más remedio que innovar porque es la fórmula para diferenciarnos del mercado en cualquiera de estos dos polos y, consecuentemente, poder sobrevivir. Desgraciadamente, las empresas que no lo entiendan, sea cuál sea su sector de actividad, se quedarán en medio y hacer esto, en un mercado tan competitivo como el actual, implica quedarse fuera y desaparecer.
 
¿Es tarde ahora, en plena crisis, para innovar? ¿Y qué presupuesto ha de destinar una empresa a la innovación?
R- No es tarde. Innovar es siempre necesario pero ha de entenderse que la inversión en innovación es una inversión cuyo retorno se produce en el medio plazo. En cuanto al presupuesto, lo verdaderamente importante es impulsar el proceso innovador y, una vez implantado, incrementar paulatinamente este esfuerzo inversor. Si bien, hay que tener en cuenta que para obtener retorno no siempre lo más efectivo es el volumen de inversión, pues lo verdaderamente disruptivo, y en cualquier sector, es la cultura de innovación, el modelo de negocio.
 
Como conclusión: ¿es el momento de innovar o morir?
Sin duda. Antes las empresas innovaban para diferenciarse y perseguir el liderazgo. Ahora lo hacen por pura necesidad porque, como he dicho, el riesgo de quedarse en medio, de no diferenciarte vía valor añadido o precio, es simplemente el de desaparecer del mercado. 
 
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