EN EL PUNTO DE MIRA

La España rural, víctima ignorada de la reforma financiera

JUEVES, 22 DE FEBRERO DE 2018  
La España rural, víctima ignorada de la reforma financiera
18-SEPTIEMBRE-2013
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La reforma financiera no termina de dejar cadáveres en las cunetas y no solo en el mundo de preferentes e híbridos, sino en la estructura territorial del Estado y cuyo último ejemplo publicado viene firmado por Bankia al decidir el banco nacionalizado el cierre de la única sucursal bancaria existente en La Graciosa, pequeña isla situada al norte de Lanzarote. La localidad canaria es una más de las afectadas por la herencia de la desaparecida Caja Insular de Ahorros de Canarias y cuyo cierre se hace en nombre de conceptos tan sacrosantos para la empresa privada como reestructuración, solvencia, productividad, competitividad o rentabilidad.

Con independencia de cajeros de última generación, cuyo uso se atraganta a pensionistas y habitantes del mundo rural, el cierre de la única oficina bancaria de La Graciosa obligará a una parte de sus seiscientos  habitantes que quieran  realizar gestiones en persona con su banco a realizar un viaje en barco de 25 minutos hasta la isla de Lanzarote y después completar el trayecto en coche hasta la localidad de Haría.

El Banco de España ha cifrado las ayudas públicas dedicadas a rescatar a las entidades financieras desde el inicio de la crisis en 61.366 millones de euros, cantidad que debería resultar suficiente, en principio, para que los receptores de  tan millonarias cantidades afilaran su sentido de la auténtica  responsabilidad social corporativa y trataran de realizar un ajuste fino en materia de reestructuración de oficinas, buscando alternativas a las miles de localidades que se están viendo afectadas por el cierre de las mismas.

Hasta el momento, ninguna entidad bancaria ha mostrado sensibilidad alguna por ese “mercado” y los cientos de miles de habitantes de las poblaciones afectadas no entienden la razón de que, al menos una vez a la semana, lleguen a sus pueblos furgonetas de pescaderos y comerciantes varios para vender sus productos, mientras las entidades financieras se baten en retirada abandonando mercados que consideran cautivos, renunciando, incluso, a una práctica frecuente hasta hace pocos años consistente en la visita periódica de un comercial, apoderado o representante de la entidad para “abrir” ventanilla en la plaza del pueblo y dar servicio al personal o presentar su catálogo de productos, servicio que fue muy de agradecer mientras duró y que creó intensos lazos entre la población y la entidad financiera de turno.

En España, cerca del 22 por ciento de su población vive en zonas rurales, cuyas características más acusadas vienen marcadas por los desequilibrios si se las compara con las zonas urbanas y en donde  el envejecimiento y la dependencia son moneda común.
Aunque pueda parecer parte de la prehistoria del sistema financiero  conviene recordar que hace poco más de dos años el Ministerio de Economía  y Competitividad hacía pública defensa de la labor social de las Cajas de Ahorros, asegurando que "la reforma acometida se ha articulado sobre el convencimiento de que dicha transformación debe impulsar que las Cajas de Ahorros sigan cumpliendo las funciones financiera y social".

Eran años en las que se hablaba de fundaciones y de mantenimiento de la obra social de las cajas que habían llegado a destinar a su actividad más de 2.500 millones de euros anuales y  dar empleo a más de 40.000 personas.

El número de oficinas bancarias en España ha disminuido en casi 8.000 sucursales desde 2008, lo que supone más de la mitad del ajuste realizado en el conjunto de la zona euro.

 
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