EN EL PUNTO DE MIRA

Sector naval: continúa la cuesta abajo

DOMINGO, 25 DE FEBRERO DE 2018  
Sector naval: continúa la cuesta abajo
23-DICIEMBRE-2013
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Redacción
@innovaspain

Pese a poseer cerca de 7.800 kilómetros de costa, España lleva cuarenta años enganchada a una crisis permanente con su sector naval, que vive su último acto con la entrega del megabuque LHD Adelaida a la Armada de Australia y que ha dejando vacía la grada del astillero Navantia en Ferrol como antes había pasado con los astilleros de Cadiz, Cartagena y de otros puntos de España.

La puntilla la llevan recibiendo los astilleros españoles desde hace décadas, aunque las ultimas banderillas de fuego las recibieron con la noticia de que no fabricarán los cuatro buques metaneros requeridos por Stream, sociedad propiedad de Gas Natural Fenosa y Repsol, cuyos armadores, el noruego Knutsen y el español Elcano, optaron por elegir al astillero coreano Hyundai y al japoneses Imabari por razones técnicas y económicas. Un par de meses antes, la Comisión Europea decidía obligar al gobierno español a recuperar las ayudas fiscales concedidas a la cadena empresarial que participa en la construcción de buques; y en este sector, como en casi todos, si no hay financiación, no hay actividad.

Desde que en agosto de 1973 se iniciara la también conocida como primera crisis del petróleo y con ella la vertiginosa caída en la contratación de nuevos buques, el sector naval español no levanta cabeza y desde que once años más tarde el gobierno de Felipe Gonzalez acometiera la primera y drástica reconversión del sector naval, la crisis no ha hecho más que agrandarse en la misma proporción en que se ha reducido el empleo. Y España, que fue la tercera potencia mundial en construcción naval, hoy mantiene la cuarta parte de los puestos de trabajos directos e indirectos que entonces tenía.
Las causas son muchas, aunque no han variado en tres décadas y se siguen moviendo entre el exceso de capacidad y la carencia de financiación, pasando por la incapacidad de adaptarse a las nuevas exigencias del mercado, la ausencia de tecnología propia, la falta de apoyo del gobierno o la enorme competencia de los astilleros asiáticos en donde la práctica del "dumping" es una sospecha tan asumida como real.

Sea como fuere, los astilleros españoles llevan décadas haciendo frente a una muerte lenta a la que todos los gobiernos han intentado incorporar paliativos sin mayores éxitos.
Hoy, Navantia, la empresa pública española de construcción naval perteneciente al 100% a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), es el último intento de un gobierno de España de plantarle cara a la agonía de los astilleros españoles. Nacida hace ocho años como consecuencia del proceso de escisión de Izar, se declara asimismo como «no viable en el corto plazo en la situación actual» a la vez que añade que «no es competitiva ni sostenible».

En los documentos de trabajo que se manejan, se sostiene que, aun logrando una facturación de 650 millones en el 2015 -que preveía obtener del programa del submarino S-80 y del encargo de los gaseros, que se han perdido-, tiene que reducir sus costes fijos entre un 50 y un 55 %. Aunque no concreta medidas, todas las fuentes del sector consultadas apuntan a que podría venir principalmente por la vía de cierre de centros y adelgazamiento de las plantillas. El duro ajuste que prevé el naval público, con 5.500 empleados, parece estar en camino.

 
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