LA ENTREVISTA

Juan Gómez-Jurado (escritor) y Rodrigo Cortés (cineasta)

DOMINGO, 25 DE FEBRERO DE 2018  
Juan Gómez-Jurado (escritor) y Rodrigo Cortés (cineasta)
17-MARZO-2014
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Juan F. Calero / Pablo Garcinuño
@Innovaspain

Cortes: “Cualquier cosa que viene a mi mente y que la gente de alrededor no quiere escuchar, acaba lanzada a Twitter”

Gómez-Jurado: “Hay tantas formas de usar internet como personas existen y cada uno tiene que encontrar la que mejor se adapte a su personalidad”

En el marco del IV Congreso Iberoamericano de Redes Sociales iRedes, el escritor Juan Gómez-Jurado y el cineasta Rodrigo Cortés protagonizaron un debate titulado ‘De la literatura al cine, pasando por Twitter’. Ambos mantuvieron una charla abierta ante el público que se congregó en el Fórum Evolución, en el palacio de congresos de Burgos. Minutos antes charlaron con innovaspain.

Con casi 5.000.000 de lectores Juan Gómez-Jurado (@juangomezjurado) es uno de los autores españoles contemporáneos más conocidos fuera de nuestras fronteras. Sus anteriores trabajos han sido traducidos a más de 40 idiomas. En 2014, este escritor y periodista madrileño acaba de publicar la novela ‘El paciente’, que será adaptada al cine en Hollywood.

A los 16 años, Rodrigo Cortes (@rodrigocor7es) ya había rodado su primer corto en súper-8. En julio de 1998 realiza el cortometraje ‘Yul’, que obtiene una veintena de galardones internacionales, y, en 2001, ’15 días’, mítico falso documental que se convierte en el cortometraje más premiado de la historia del cine español en ese momento. ‘Concursante’, su primer largometraje, se estrena en el Festival de Málaga en marzo de 2007, donde obtiene varios galardones. ‘Buried’ (Enterrado) se estrena a la vez en 52 países y más de 4.000 salas. Su tercera y última película como director, ‘Luces rojas’, con Cillian Murphy, Sigourney Weaver y Robert de Niro, se estrena de forma masiva en más de 60 países.

¿Cómo han afectado las nuevas tecnologías a su trabajo, tanto como cineasta como escritor?

R.C.: Afecta en el sentido de que cuando cambian las herramientas con las que se aborda algo, necesariamente acaba modificándose el lenguaje y el resultado. Sucede de una forma muy natural. Lo único importante es no considerar nunca esas herramientas como fines en si mismas y no entregarte de forma ciega a ellas como si tu vida dependiera de explorarlas. Hay que partir de una imagen determinada y valerte de cualquier herramienta que tengas a tu disposición para hacerlo posible. Son una gran ayuda que han acelerado determinados procesos y eso trae otros daños colaterales de forma casi inevitable. Pero al final el tablero no se discute nunca. Se trata de hacer la mejor jugada posible con las piezas que tienes y eso incluye las nuevas tecnologías.

J.G.J.: Yo estoy en profundo y total desacuerdo. Él hace una reflexión en la línea: “el medio es el mensaje” y no es así en absoluto. Creo que lo que cuenta de verdad es el discurso. Puedes pensar que los 140 caracteres te condicionan de alguna forma y el lenguaje te obliga. Pero lo más importante es la actitud con la que abordas las cosas. A ti te dan una cuenta de Twitter y tú asumes un rol, te conviertes en un ‘tuitstar’, un personaje cuyo único objetivo es la herramienta en sí misma. Lo cual me lleva a decir que, estando en total y absoluto desacuerdo con él, al final llegamos a lo mismo: lo que importa es lo que tú quieras decir.

Centrándonos en las redes sociales, ¿qué les aportan y que les roban?

R.C.: A mí me quitan tiempo. Yo las vivo asumiendo que no hay nadie al otro lado, que es la única manera para comunicarte con la insensatez requerida y con cierta solvencia. En lo personal, solo uso Twitter y como una herramienta creativa o expresiva más, cómo si tuviera una libreta de notas. Al final, cualquier cosa que viene a mi mente y que la gente de alrededor no quiere escuchar, acaba lanzado a Twitter.

Al tomárselo como algo unidireccional, ¿las respuestas negativas no le llegan?

R.C.: Sí, sí te llegan. Pero no lo uso de una forma particularmente interactiva. En términos generales son pequeñas botellas que lanzas al mar o pequeñas bombas de mano de las que no te haces enteramente responsable y que tiras hacia atrás haciendo que no miras, sin hacerte cargo de sus consecuencias. Muchas veces lanzo esa botella y no consulto lo que ocurre después hasta que vuelvo a lanzar la siguiente.

J.G.J.: Estoy totalmente en desacuerdo [risas de ambos]. Tenemos un uso totalmente distinto y, además, lo hemos hablado en otras ocasiones. Mi forma de entender internet es en forma de diálogo: me siento y tengo una persona en frente. Además, soy plenamente consciente de que lo que hay al otro lado del avatar es un ser humano que me está interpelando de alguna forma, con lo cual yo me veo en la obligación de responder. Cuando alguien me habla intento responder lo mejor que puedo y lo antes que puedo. A veces fracaso miserablemente porque el tiempo que tenemos es limitado. En cualquier caso, hay tantas formas de usar internet como personas existen y cada uno tiene que encontrar la que mejor se adapte a su personalidad.

En ese uso de la tecnologías y de las redes sociales, ¿os planteáis algún reto o meta que alcanzar en un futuro próximo?

R.C.: Mi próximo reto tecnológico es tratar de comprender el sentido del retuit manual. Yo creo que debería ser proscrito lo antes posible. No entiendo cual es su función. Tampoco entiendo la función del ‘Fav’ (Favorito), por ejemplo. No sé para que sirve. Pero lo que de verdad me gustaría saber hacer bien es cortarme las uñas, porque el cortador de uñas no permite definición en todo el perímetro.

J.G.J.: Para mí, el reto tecnológico, y esto no es broma, consiste en ser capaz de tuitear más deprisa y contestar a la gente más rápido. Me gustaría que existiese algún tipo de herramienta que nos permitiese contestar incluso con la voz para ir más deprisa todavía. Me parece que es un tema que me fastidia. Es decir, que Siri existiese pero no como una mera parte de una campaña de publicidad de Apple.

R.C.: Estoy de acuerdo con Juan porque hay que evitar a toda costa el riesgo de reflexionar [risas de Gómez-Jurado]. Si consiguiéramos acelerar los procesos para que nada tuviera que pasar en ningún momento por ningún tipo de proceso digestivo, creo que podríamos mejorar el planeta entre todos.

 
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