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El primer satélite geoestacionario desarrollado en Latinoamérica, lanzado por Argentina

SABADO, 24 DE FEBRERO DE 2018  



El primer satélite geoestacionario desarrollado en Latinoamérica, lanzado por Argentina
15-12-2014
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Redacción Innovaspain
@Innovaspain

Para la historia de la ciencia y la tecnología de Argentina, 2014 quedará señalado como el año del lanzamiento del primer satélite geoestacionario diseñado y fabricado por un país de América Latina.

Situado a 71,8 grados de longitud Oeste y a 36.000 kilómetros de altura, ARSAT-1 ya ofrece servicios de telecomunicaciones para el Cono Sur y supone el primer paso de un plan más ambicioso para contar con un sistema espacial que contribuya al desarrollo social y económico del país, según informan desde la Agencia Sinc.

Con un peso de tres toneladas, el satélite se mueve a 11.000 kilómetros por hora acompañando a la Tierra desde que alcanzase su órbita hace poco más de un mes y lo hará al menos en los próximos 15 años. El cuerpo principal del artefacto mide dos metros de ancho por 4,4 metros de largo, pero con el despliegue de sus paneles solares alcanza 16,42 metros de envergadura, y cuenta con una antena de comunicaciones de dos metros de diámetro.

Geoestrategia y política
ARSAT-1
ofrece servicios de telefonía, televisión e internet y cubre una amplia zona que, además de Argentina, alcanza a tres países vecinos: Chile, Uruguay y Paraguay. Entre sus virtudes está ofrecer cobertura a zonas muy poco pobladas a las que no podrían llegar estos servicios de otro modo e incluso a las bases antárticas y a las Islas Malvinas.

En este sentido, el proyecto tiene un componente político y geoestratégico importante, puesto que la Unión Internacional de Telecomunicaciones había asignado a Argentina dos posiciones espaciales, 71,8 y 81 grados de longitud Oeste, que hasta ahora estaba ocupando con satélites alquilados. Por si fuera poco, el Reino Unido aspiraba a ocupar estas mismas posiciones, pero en la primera de ellas ya tiene su lugar el nuevo satélite, que es controlado desde la Estación Terrena Benavídez, al Norte de la provincia de Buenos Aires.

A pesar del logro, no faltan las críticas sobre la propaganda política que rodea un proyecto que fue impulsado hace más de una década durante la presidencia de Néstor Kirchner y que ha costado unos 2.000 millones de pesos (190 millones de euros). El Gobierno habla de 'soberanía satelital' y destaca que solo Estados Unidos, Rusia, China, Japón, Israel, India y los países de la Unión Europea han sido capaces de lograrlo. Por el contrario, algunos políticos de la oposición han cuestionado la iniciativa y restan importancia a la 'argentinidad' de un desarrollo tecnológico que ha contado con el respaldo de Francia y Alemania y cuya puesta en órbita se realizó gracias al cohete francés Ariane 5 lanzado desde la base de Kourou, en la Guayana Francesa.

Un antes y un después
Según explica Hugo Alberto Nahuys, ingeniero de la empresa pública ARSAT, que ha construido el satélite, "muchas tecnologías clave han sido totalmente desarrolladas en Argentina, como la computadora de control de orientación, con todo su hardware, software y algoritmos de control, así como los paneles estructurales de uno de los dos módulos del satélite, el de comunicaciones. El otro módulo es el de servicios y las dos partes se construyeron de forma simultánea para ensamblarlas al final y agregar los paneles solares y la antena de comunicaciones".

Nahuys señala también que “es habitual toparse con muchas dificultades en todas las etapas del diseño, fabricación, integración y ensayos de un satélite de esta complejidad, pero el secreto del éxito es resolverlas correctamente y aceptar retrasar el proyecto si es necesario para no comprometer el nivel de calidad”.

En su opinión, para el sistema de ciencia y tecnología del país hay un antes y un después de este acontecimiento desde el punto de vista técnico y humano. “Estamos convencidos de que la puesta en órbita del ARSAT-1 marca un hito en la historia aeroespacial argentina porque ha demostrado que se adquirieron y desarrollaron las capacidades para implementar misiones satelitales que requieren los más alto niveles de confiabilidad”, comenta el ingeniero.

Por su parte, Diego Hurtado de Mendoza, físico e historiador de la ciencia que dirige el Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y de la Técnica José Babini de la Universidad Nacional San Martín, considera que el principal éxito del proyecto hay que situarlo en el terreno de las políticas tecnológicas, ya que alcanzar una meta tan compleja requiere “una trayectoria de aprendizaje y fortalecimiento tanto de empresas como de instituciones públicas de investigación y desarrollo”.

El experto añade que el ARSAT-1, "al igual que otras políticas científicas de impulso a los hidrocarburos o la energía nuclear, apunta a trasformar la matriz productiva, generando puestos de trabajo cualificados y aportando valor al comercio exterior. De alguna manera, es una apuesta por la tecnología para dejar atrás el perfil de país agroexportador”.

Se trata –dice– de "un logro que ayuda a recuperar la autoestima y la confianza en las capacidades propias después de que las agresivas políticas neoliberales de la década de los noventa abandonasen cualquier idea de desarrollar el sistema científico-tecnológico nacional". 

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