LA ENTREVISTA

David J. Yáńez, cofundador de Vortex Bladeless

MARTES, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
David J. Yáńez, cofundador de Vortex Bladeless
13-ENERO-2015
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Pablo Garcinuńo
@pgarcinuno

“Las mayores fortalezas de este aerogenerador (sin palas) son las que se desprenden de su sencillez conceptual”.

Ingeniero Industria por la Universidad de Valladolid y Master en Ingeniería Informática y de Telecomunicación en Computación Natural por la Universidad Autónoma de Madrid, el abulense David J. Yáñez Villarreal se ha atrevido a hacer realidad un proyecto que, desde hace más de diez años, da vueltas en su cabeza: un aerogenerador sin palas. Le avala una amplia trayectoria profesional. Perteneció al Grupo de Control de Procesos del ICP-CSIC y anteriormente trabajó por cuenta ajena como ingeniero de instalaciones y jefe de laboratorio hardware. Ha participado en diferentes proyectos empresariales y actualmente es cofundador y responsable de i+D en Vortex Bladeless S.L.

Un aerogenerador sin palas. ¿Cómo surge una idea así?

Hace ya más de una década, cuando estudiaba en la universidad, empezó a rondarme esta idea en la cabeza. El famoso colapso del puente de Tacoma Narrows (1940) pudo ser el germen. Una estructura que oscila y resuena con los remolinos de aire que ella misma genera puede ser un grave problema para los ingenieros de estructuras pero, bien orientado, puede ser una potente estrategia para absorber energía del viento. 

La eólica convencional (con palas) está haciendo un excelente trabajo y por primera vez ha demostrado la viabilidad económica de la energía de origen renovable. El desarrollo de un instrumento de generación eólica que, aún siendo un dispositivo mecánico, se parezca lo máximo posible a un simple y robusto componente electrónico es enormemente sugerente.

¿Qué ventajas tiene vuestro proyecto respecto a los molinos habituales?

Aún nos queda mucho por demostrar. Las mayores fortalezas de este aerogenerador son las que se desprenden de su sencillez conceptual. Al no utilizar engranajes, rodamientos, rótulas u otros elementos de contacto susceptibles de desgastarse por rozamiento, no necesita de lubricantes. Se minimiza el recambio de piezas, desaparece el uso de lubricantes, no produce ruido ni vibraciones y genera un menor impacto medioambiental. Al tener su centro de gravedad bajo, requiere de una cimentación menor y para su fabricación se necesita una cantidad muy inferior de materiales del mismo tipo que un molino convencional de las mismas dimensiones. Un dispositivo de este tipo debe de ser capaz de generar energía más barata.

¿Cómo ha ido creciendo ese boceto inicial que pensó un día, cuando aún estaba en la universidad?

Lo verdaderamente crítico para hacer crecer una idea es poder acompañarla de las personas adecuadas. En mi caso, he tenido la enorme suerte de dar con dos tipos excepcionales, tanto en lo personal como en lo profesional, que son Raúl Martín Yunta y David Suriol Puigvert. Los tres tenemos habilidades complementarias y somos por igual impulsores y padres de este proyecto.

Desde el punto de vista técnico, lo esencial de la idea se ha mantenido: una estructura esbelta y vertical, de sección circular, con una parte rígida encargada de absorber la energía cinética del aire y una parte flexible diseñada para cimbrear, sobre la que se disponen los “mecanismos” de sintonización y generación. Durante estos años hemos logrado concretar y perfilar con detalle todas y cada una de las partes que comprenden el dispositivo. Ahora la geometría del mástil es más estilizada y tiene un desempeño aerodinámico muy superior, la sintonización del equipo está definida y mejor dimensionada y el alternador está empezando a concretarse.

¿Y qué hitos les queda por conquistar hasta que sea una realidad?

Por fin hemos alcanzado la última fase previa a la salida al mercado. Actualmente estamos instalando en el término municipal de Gotarrendura (Avila) un último prototipo demostrador que integra todos los elementos del concepto. En un año deberíamos de ser capaces de estar fabricando equipos de unos 12 metros de altura y 4 kW de potencia para el sector de la energía distribuida y pocos meses después empezaremos a definir un equipo de gran generación.

Para emprender un proyecto así, ¿qué es más necesario: esperanza o constancia?

La esperanza permite perseguir quimeras. En este proyecto, los números nos hacen confiar en la sensatez de la idea. Creemos más en la constancia, en el trabajo duro, diario y acertado con el que culminar este sueño.

 
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