LA ENTREVISTA

Jordi Roca, pastelero del Celler de Can Roca

LUNES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
Jordi Roca, pastelero del Celler de Can Roca
26-MAYO-2015
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Juan F. Calero / Pablo Garcinuño
@Innovaspain

“El límite está en lo que no sabemos, siempre vamos a ir un poco más allá”

Ser el encargado de poner la nota dulce en el segundo mejor restaurante del mundo no parece tarea fácil. El hermano menor, Jordi, tiene la responsabilidad de cerrar los banquetes y dejar un buen regusto en el paladar de los comensales del Celler de Can Roca (tres estrellas Michelín), un reto que él asume con ilusión y con una sonrisa casi perenne en su cara. La pasión y el trabajo suelen dar buenos frutos y el año pasado fue distinguido como mejor pastelero del mundo por la Restaurant Magazine.

Su propuesta gastronómica no olvida el sabor de la tierra, pero utiliza técnicas creativas trabajadas desde la madurez. ¿Dónde está el límite de la innovación en la cocina? “El límite está en lo que no sabemos, siempre vamos a ir un poco más allá”, afirma en declaraciones a innovaspain.com. De hecho, Jordi Roca no se refiere solo a la tecnología. “Estamos enfocando nuestro trabajo en una revolución emocional: hacer vivir a la gente que nos viene a ver una experiencia que se lleven como recuerdo”.

Redes Sociales
Para alcanzar todos los retos que se van planteando, desde el Celler de Can Roca confían en el trabajo en equipo en su día a día. De hecho, se organizan en grupos, tanto en cocina como en sala. El objetivo es “sacar lo mejor de cada uno y del equipo en conjunto”, afirma el pastelero, un firme defensor de la suma de esfuerzos.

Y se plantea las redes sociales con el mismo espíritu colaborativo. “Es una buena manera de divulgar el trabajo que hacemos a la gente que nos sigue y de estar un poco al tanto de las cosas que se hacen en la cocina”. Sobre todo utiliza Instagram y Twitter. “Técnicamente lo llevo mal, pero me divierte mucho divulgar lo que hago”, añade.

Experiencia en la montaña
Jordi Roca
participó en la última edición del Congreso Iberoamericano sobre Redes Sociales #iRedes, en Burgos, donde contó, junto con Carlos Soria –este último por videoconferencia-, las aventuras que han vivido en la Expedición BBVA en el Annapurna. El cocinero acompañó al alpinista para elaborar los menús que el abulense después llevó durante el ataque a cumbre. A lo largo de la marcha de aclimatación, el equipo recorrió el valle del Khumbu, situado en las faldas del Manaslu

El repostero descubrió una forma de vivir la naturaleza que le sorprendió. Detrás de los logros deportivos, “hay un amor genuino por la montaña de unas personas que lo viven con devoción máxima, que lo dejan todo para irse a alcanzar la cima”. “Tiene una manía esta gente por andar… ¡y yo detrás!”, dice riendo. El viaje le permitió conocer la cultura tibetana y su cocina, y tener distintas experiencias, desde ver cómo sacaban una muela a una mujer, hasta el nacimiento de un niño.

“Lo que aprendí de Carlos es que no era importante llegar arriba –afirma-. Lo que pasa en la montaña es que, cuanto más subes, menos aire tienes para respirar y menos tiempo te puedes quedar en la cima porque te ahogas”. No es difícil encontrar la analogía con la primera línea de la cocina mundial. “Al final lo que quieres es bajar hasta abajo entero y con todos los que te han acompañado”. Lo que importa, por tanto, es el “camino”. “El subir es una consecuencia”, una respuesta al espíritu por afrontar nuevos retos. Como Jordi Roca dice, “bajar para subir otra montaña”.

 
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