OPINIÓN

Diversidad cultural y color: pigmentocracias persistentes

VIERNES, 23 DE FEBRERO DE 2018  



Diversidad cultural y color: pigmentocracias persistentes
02-06-2015
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Judith Morrison
@el_BID

Judith Morrison - Esta columna fue originalmente publicada en el Blog ¿Y si hablamos de igualdad? del Banco Interamericano de Desarrollo BID.

El mundo celebra cada 21 de mayo el Día Internacional de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, y lo hace de maneras muy diferentes pero con un objetivo común: profundizar en nuestra comprensión de los valores de la diversidad cultural a través del diálogo y de los esfuerzos para combatir polarizaciones y estereotipos.

Mi forma de contribuir a este diálogo es con dos recomendaciones, un libro y el proyecto fotográfico Humanae  (que te invito a ver aquí). Ambos tienen algo en común, ayudan a comprender mejor cómo se vive la raza a través de un concepto muy simple: la paleta de colores de la piel.

El análisis de los datos de los censos y encuestas de hogares muestra diferencias de desarrollo significativas entre los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes y la población en su conjunto en áreas clave de la salud, la educación, el acceso a mercados de trabajo y oportunidades económicas. En América Latina, 14 de los 18 países tienen una pregunta sobre autoidentificación racial o étnica en su encuesta de hogares y 13 en el censo, cuestiones que nos dan más y más información adicional sobre el impacto que raza y etnicidad tienen en el desarrollo.

Sin embargo, la autoidentificación no siempre puede explicar cómo las personas son percibidas o cómo experimentan la discriminación. Varios investigadores están utilizando metodologías pioneras para  analizar las oportunidades de desarrollo humano basadas en el color de la piel, algo que puede ser polémico pero también útil en el diseño de políticas contra la discriminación.

Este es el caso de Pigmentocracias: etnicidad, raza y color en América Latina (texto en inglés) donde se utiliza una paleta de colores para clasificar a los individuos según su tono de la piel en base a los resultados de la encuesta de opinión Barómetro de las Américas / LAPOP. Aunque los autores no abogan por la aplicación de este método por parte de los organismos gubernamentales de estadística en la recolección general de datos, un análisis basado en el color combinado con la raza y el origen étnico ofrece resultados interesantes y a veces sorprendentes para algunos subgrupos.

El caso de Colombia, Brasil, México y Perú

En el caso de Colombia, por ejemplo, hay un extenso análisis de género y raza, en concreto sobre cómo el hecho de ser mujer puede aclarar las percepciones de los otros sobre mujeres de piel oscura. El capítulo de Brasil va más allá del color y explora otras características físicas que pueden ser usadas para hacer distinciones raciales, al tiempo que reconoce que estas distinciones pueden tener un impacto mínimo en cuanto a  oportunidades.

El capítulo de México se adentra en el dominio cultural de la noción de mestizaje, a la vez que explora el papel que juega el color en las oportunidades de los pueblos indígenas. El análisis por color muestra que las personas indígenas con piel más clara tienen mayores oportunidades, aunque son más conscientes de las potenciales limitaciones que sufrirán debido a su origen étnico y ascendencia y son más propensas a experimentar discriminación. En Perú, los datos demuestran una alta percepción de la discriminación racial y étnica, algo consistente con lo revelado por otros muchos estudios.

A pesar de sus fortalezas, este análisis tiene también limitaciones. Por ejemplo, es insuficiente cuando se analiza a pueblos indígenas rurales tradicionales, que definen su identidad en base a su relación con la tierra, visión del mundo (cosmovisión), tradición o cultura, pero no el color. Sin embargo, este riguroso análisis combinado de pueblos indígenas y afrodescendientes mediante la lente de la piel es valioso para entender cómo el acceso a oportunidades según el color y las categorías étnicas y raciales moldean las brechas actuales.

Hay pocos libros sobre raza y etnicidad en América Latina interesantes para académicos y profesionales de una gama tan amplia de campos. En pocas palabras, este libro ofrece una buena introducción al tema y proporciona las herramientas para comenzar a diseñar mejores políticas que puedan reducir las brechas étnico-raciales, lo que lo hace indispensable en cualquier lista de lecturas sobre raza y etnicidad en nuestra región.

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