OPINIÓN

Los pueblos indígenas: guardianes silenciosos de la biodiversidad

SABADO, 17 DE FEBRERO DE 2018  



Los pueblos indígenas: guardianes silenciosos de la biodiversidad
11-08-2015
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Enrique Ibarra
@BID_Igualdad

Por Enrique Ibarra - Esta entrada fue publicada originalmente en el Blog ¿Y si hablamos de igualdad? del Banco Interamericano de Desarrollo.

Es sorprendente que, a pesar de que los pueblos indígenas han poblado la tierra por miles de años, sepamos tan poco de ellos. Hemos visto grandes obras arquitectónicas de antiguas civilizaciones que aún continúan envueltas en misterio, sabemos en parte sobre su organización social ancestral, pero en mucho desconocemos sobre su vida diaria actual y su relación con el medio ambiente. Hechos como su profundo conocimiento de las plantas y su uso medicinal o que, en general, mantienen prácticas afines al buen manejo de recursos naturales como los bosques.

Hoy por hoy, los territorios de los pueblos indígenas coinciden con las áreas silvestres más grandes y ricas en biodiversidad del mundo, particularmente en bosques tropicales como en Mesoamérica y el Amazonas. De hecho, aproximadamente el 13% de la superficie de la tierra está legalmente en manos de comunidades indígenas.

Estas circunstancias sugieren que los pueblos indígenas son actores indispensables en materia de protección de la naturaleza y la biodiversidad. Sin embargo, las adversidades que estos pueblos han enfrentado en todo el continente americano (y el resto del mundo), han contribuido a que mucho de ese conocimiento y riqueza inigualable en tradiciones se haya ido perdiendo de forma sistemática al golpe del tambor que llamamos desarrollo económico, que ha promovido el uso indiscriminado de los recursos naturales y que ha resultado, en muchas ocasiones, en la exclusión de estos pueblos al derecho de uso de su tierra.

Pero también existen ejemplos de estados que han reconocido el derecho de los pueblos indígenas a sus territorios ancestrales. Entre ellos se encuentran México, Ecuador, Bolivia y Brasil. En el caso de México, la reforma agraria que tuvo lugar después de la revolución a principios del siglo XX inició un proceso de devolución de tierras a comunidades campesinas e indígenas único en América Latina.

Un ejemplo de manejo sostenible: la caoba mexicana

Lejos de perfecta, la reforma agraria no produjo el bienestar esperado pero gracias a ese proceso y a otras reformas institucionales que abrieron paso al manejo forestal comunitario, la caoba (swietenia macrophylla King) y otras especies forestales son manejadas en forma sostenible por muchos ejidos indígenas en el caribe mexicano e incluso algunos han conseguido ser certificados por FSC (Bosques para todos para siempre). Por ejemplo, actualmente los ejidos en Quintana Roo (México) manejan un área cercana a las 750,000 hectáreas y se estima que el manejo de la madera y de productos forestales no maderables genera un ingreso bruto para la economía local cercano a los US$11,7 millones anuales.

Una gran diferencia que se observa en relación al manejo de bosques por parte de los pueblos indígenas en América Latina es que estos, a pesar de comercializar la madera, no tienen como objetivo principal obtener el mayor ingreso posible en el corto plazo, porque saben que esa forma de uso de los recursos lleva a la degradación y eventual desaparición del bosque del cual obtienen mucho más: madera para sus casas, escuelas y clínicas locales, además de productos no maderables como chicle, forraje, miel y plantas medicinales.

El manejo sostenible de los bosques por parte de los pueblos indígenas es algo sobre lo cual no es posible exagerar su importancia, pues aparte de garantizar su modo de vida y tradiciones, garantiza también el bienestar de todos nosotros. Sin grandes áreas de bosque se perderían no solo muchos de los productos que mencioné anteriormente, sino también la conectividad necesaria para el mantenimiento de poblaciones de especies de peces, aves y mamíferos, así como del servicio de polinización, de incalculable valor para la agricultura, que proveen muchas de las especies animales que dependen del bosque. Además, sin bosques, la amenaza del cambio climático sería mucho más ominosa de lo que ya es hoy. O, como dice este maravillosa foresta encarnada por Kevin Spacey, tendríamos que ser capaces de fabricar aire:

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