ENTREVISTAS

José Luis Martínez, del Comité Internacional del Programa de Estudios Andinos de la PUCP

SABADO, 24 DE FEBRERO DE 2018  



José Luis Martínez, del Comité Internacional del Programa de Estudios Andinos de la PUCP
31-08-2015
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Redacción Innovaspain
@Innovaspain

Chileno de nacimiento, José Luis Martínez vivió varios años de su juventud en el área Charazani, al norte del Titicaca; se exilió en Ecuador durante la dictadura militar chilena y se trasladó al Perú para llevar la maestría en Antropología por la PUCP. “Mi vida es esta zona –afirma-. O me reconozco a mí mismo y a mi historia, o me pongo a estudiar las estrellas”. Los soportes para la memoria en los Andes es el tema de especialización de este docente de la Universidad de Chile y miembro del Comité Académico Internacional del Programa de Estudios Andinos de la PUCP (PEA).

En la entrevista realizada por la Pontificia Universidad Católica del Perú, Martínez destacaba que “los Incas tenían sistemas gráficos de registro, de notación y de comunicación, tan eficientes como cualquier otro sistema”. “Y si pensamos en la construcción del Tahuantinsuyo como espacio multilingüe, la existencia de la escritura alfabética supone el predominio de una lengua sobre las otras –afirma-. En cambio, las sociedades andinas desarrollaron sistemas de registro que permitían que un mismo tipo de narrativa o relato circulara a través de distintas lenguas”. “Los quipus, por ejemplo, no tienen lengua y pueden ser expresados en quechua, aymara, puquina, chipaya o muchic”.

En su opinión, “el considerar superior a una cultura por tener escritura es un modelo impuesto por los europeos”. La idea de que la escritura alfabética es signo de civilización y desarrollo se comienza a aplicar cuando los españoles invaden América, en particular los Andes, “para posicionarse como superiores gracias a esta herramienta ideológica de dominación”. El profesor chileno recuerda que la primera gramática española es de 1492. “Un señor que se llama (Antonio de) Nebrija le dijo a los reyes que quería escribir la gramática y ellos le preguntaron para qué les servía eso. ‘Deme una gramática y os daré un imperio’, respondió Nebrija, porque la escritura era un modelo de dominación que, además, fue reproducido, incluso por historiadores, hasta los años cincuenta”, añaden.

Sí que existió en el imperio Inca “una institucionalidad para conservar, reproducir y difundir una determinada memoria”, utilizando distintas vías, como el arte rupestre, la cerámica, los bailes de memorias, la monumentalidad y los espacios. “Todo con el fin de transmitir un conjunto de relatos que construyeran las memorias del Tahuantinsuyo –afirma José Luis Martínez-. Pero cuando uno mira los keros coloniales hay un registro etnográfico visual sorprendente de cómo era la vida colonial: desde la sublevación de Manco Inca y cómo trabajaban los españoles, hasta la vida en la chichería o cómo se llevaban las llamas a un pueblo”.

El docente de la Universidad de Chile destaca el arte rupestre como “uno de los sistemas más eficientes y perdurables de registro de memoria”. “Hay arqueólogos que han mostrado cómo los incas desarrollaron toda una iconografía de la dominación a través del arte rupestre”, afirma. De hecho, “pintaron en sitios que tienen una determinada espacialidad, que dominan y pueden ser vistos de distintos lados, que representan ejércitos incaicos y que tienen todo un contenido bélico y de amenaza”.

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