LA ENTREVISTA

Carmen Vela, Secretaria de Estado de Innovación e Investigación

LUNES, 24 DE SEPTIEMBRE DE 2018  
Carmen Vela, Secretaria de Estado de Innovación e Investigación
01-JULIO-2012
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Elías Ramos

El nombramiento de Carmen Vela como secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación sorprendió a más de uno, aunque nadie discute su valía profesional demostrada a lo largo de una carrera a caballo entre la innovación y la gestión. En sus manos está racionalizar un sector de futuro, estratégicamente imprescindible, en medio de una crisis con fuertes recortes presupuestarios.

PREGUNTA.- El que se haya incorporado la I+D+i al Ministerio de Economía y Competitividad, supone un cambio de calado que va más allá de la simple reestructuración ministerial tendente a un ahorro de costes.

En Europa es frecuente que la investigación y la innovación dependan de esta cartera, aunque en España sea la primera vez. Si se quiere ser competitivo se debe hacer una buenísima investigación básica, pero al mismo tiempo hay que conseguir un elevado índice de innovación. Debemos lograr que la I+D+i recorra todo el camino, desde la generación de la idea hasta su comercialización en el mercado, y que no se termine en el laboratorio, sino que el resultado del conocimiento llegue al ciudadano. La I+D+i es una política de futuro que genera crecimiento económico y empleo. Por tanto, sí, estar en el Ministerio de Economía y Competitividad supone un cambio de calado en la percepción social y política de la ciencia que hemos de aprovechar. 

P.- Años y años haciendo “esfuerzos” presupuestarios en I+D+i y resulta que el barómetro europeo publicado por Bruselas en materia de innovación sitúa a España en el puesto 19, un puesto menos que el año anterior, por detrás de países como Portugal o Chipre, y a bastante distancia de los líderes Suecia, Dinamarca, Alemania o Finlandia…

Esto va en la línea de lo que comentaba. La innovación es un pilar básico de la competitividad, aunque a veces se nos olvida. Históricamente nuestro entorno productivo, formado mayoritariamente por pequeñas y medianas empresas, no ha sabido o no ha podido impulsar la innovación. El Ministerio trabaja fundamentalmente en dos líneas para superar esta barrera: captación de inversión privada hacia la I+D+i e internacionalización. 

También sabemos que la conexión y la movilidad entre los agentes públicos y privados del sistema se mantiene muy baja. A todo ello se une al hecho de que todavía hay una gran falta de confianza y una escasa cultura de la innovación en nuestro país. Seguimos teniendo miedo a no asumir los riesgos derivados de trasladar el conocimiento al producto innovador. Y si, además, vivimos en un entorno de crisis económica, estos miedos se disparan.  

Debemos centrarnos por tanto en fomentar la competitividad introduciendo la innovación en nuestro entorno productivo e imbricando la I+D en el sistema empresarial. Lo haremos rediseñando estos mismos procesos de innovación mediante sistemas abiertos y, sobre todo, internacionales. Si logramos tener referentes sociales de éxito lograremos también llegar más fácilmente a la sociedad.

“Seguimos teniendo miedo a no asumir los riesgos derivados de trasladar el conocimiento al producto innovador”

P.- ¿Dónde está realmente la innovación?

La innovación no consiste en llevar a cabo una serie de proyectos novedosos aislados. El gasto en sí mismo no garantiza la innovación, que es un proceso de negocio directamente ligado a la estrategia de las empresas. No se trata solo de renovar la maquinaria, los programas informáticos o de adquirir nuevos vehículos, sino de gestionar y emplear eficientemente los innumerables medios de que disponemos para convertir nuevas ideas, que en este país no faltan, en productos, procesos o servicios mejorados según nos demanda la sociedad. 

Para obtener resultados satisfactorios que garanticen la competitividad de nuestra economía a medio plazo hay que realizar acciones estratégicas y promover desde la administración los procesos de innovación en todos los sectores y con todos los actores del tejido económico.

Este Gobierno está diseñando para ello unas estrategias con una visión integradora y abierta, que permitan nutrir a todas las partes implicadas: las Estrategias Españolas de Ciencia y Tecnología y de Innovación. Estas estrategias junto con sus planes de ejecución -el Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y el Plan Estatal de Innovación-, permitirán crear ciencia de excelencia y potenciar la innovación para aumentar la competitividad de nuestras empresas y por tanto el crecimiento y el empleo.

P.- Nos jugamos mucho

Nos jugamos más que mucho, especialmente en este momento complejo en el que las dificultades económicas y sociales son amplias. Se trata de evitar, por ejemplo, que muchas empresas que empezaban a reforzar sus capacidades innovadoras abandonen esa senda para ocuparse del día a día. Uno de nuestros puntos más débiles durante años ha sido la transferencia de tecnología. Para mejorarlo, estamos trabajando para poner en marcha una serie de acciones para integrar los distintos procesos de transferencia tecnológica. Esto es particularmente importante en el caso de las PYMES y las empresas de base tecnológica. Es fundamental que difundamos al personal investigador y a las entidades que generan conocimiento la importancia de la transferencia y de la puesta en valor de los resultados de su investigación. Al mismo tiempo, es necesario promover el análisis del grado de innovación y de la acogida industrial antes de acometer nuevas líneas de investigación. Finalmente creo que es fundamental que se impulse la vigilancia tecnológica y la exploración de mercados no solo cuando se han alcanzado resultados que puedan explotarse, sino también en el diseño de las estrategias de I+D de las entidades que generen conocimiento. 

“La reducción del gasto público la hemos hecho con el firme convencimiento de que hemos eliminado gastos innecesarios que provocaban duplicidades y solapamientos”

P.- ¿Qué papel está llamado a jugar la Universidad en esta etapa?

La Universidad es uno de los actores principales de la translación de conocimiento. Su papel es fundamental para conectar el tejido productivo y el desarrollo científico, sobre todo si tenemos en cuenta que los ejecutores de las actuaciones se han formado principalmente en las universidades. La Universidad es el polo principal de talento joven y su función es clave para hacer de bisagra entre el mundo académico, el mundo científico y el mundo empresarial. Muchas empresas innovadoras nacen en las universidades, que son al mismo tiempo una semilla de la excelencia científica. Creo que es muy necesario definir una carrera científica y técnica predecible, basada en méritos y atractiva para españoles y extranjeros. Para que la I+D sea lo más eficaz posible en la generación de crecimiento y empleo, necesitamos apoyar la consolidación de una comunidad científica y técnica muy competitiva, abierta al mundo y profesionalizada.

P.- ¿Cómo articulará la relación entre empresa e I+D?

El sistema español de ciencia, tecnología e innovación es la apuesta necesaria para generar crecimiento económico, empleo de calidad y competitividad internacional, lo que dependerá en buena medida de nuestra capacidad de llevar las mejores ideas al mercado y de impulsar la transferencia de conocimiento, la productividad y la innovación. Es aquí donde la innovación resulta una condición sine qua non para lograr un sistema productivo eficaz y robusto capaz de superar la crisis.

“El gasto en si mismo no garantiza la innovación”

P.- ¿Es la aportación privada un apoyo primordial ahora más que nunca?

El sistema español de I+D+i sigue dependiendo demasiado de las ayudas públicas. Uno de los objetivos fijados por la Estrategia ‘Europa 2020’ es el de invertir, en el año 2020, el 3% del PIB en I+D. Según esta Estrategia el sector privado debería aportar dos tercios del total, por lo que tiene que realizar un esfuerzo importante para superar la brecha que separa el actual 0,71% de gasto privado en I+D sobre PIB hasta el objetivo del 2%. En este sentido, estamos trabajando en diseñar nuevas fórmulas de cooperación que permitan captar inversión privada hacia la I+D+i como pueden ser la optimización del marco fiscal existente, la participación de particulares en apoyo a la ciencia y a la tecnología mediante el diseño de fondos éticos de inversión con un componente de apoyo a la ciencia y la tecnología, la responsabilidad corporativa y patrimonial para el desarrollo de iniciativas de interés común en I+D+i y la participación ciudadana en la financiación y la divulgación de la I+D+i a través de actividades de mecenazgo y micro mecenazgo.

P.- ¿Cómo se innova?

Innovar es un proceso en el que hay que tener ideas que respondan a los retos sociales actuales y que se anticipen a las necesidades futuras. Pero no solo eso, ya que además es necesario poner en marcha un mecanismo de comunicación que propicie el diálogo y permita combinar conocimientos internos y externos a la empresa para sacar el máximo rendimiento a sus proyectos de I+D. Es lo que entendemos por innovación abierta.

Además desde el Ministerio se promueve que los usuarios de los productos y servicios estén implicados en el proceso de innovar a través de una herramienta destinada al impulso de la innovación tecnológica, como es la compra pública innovadora (CPI), que es el resultado de combinar dos actuaciones: la compra pública de la administración y el fomento de la innovación.

Tampoco hay que olvidar que la innovación se encuentra en las personas, ya que una persona innovadora hará que su empresa lo sea. Por ello, muy conscientes de esta realidad, queremos ayudar a las empresas a dotarse de estos recursos humanos, para lo que contamos con programas de incorporación de titulados superiores a las empresas que favorecen el empleo innovador, ayudando a las empresas a incorporar personal que nosotros formamos en innovación, como refleja la convocatoria que acabamos de lanzar en este sentido.

P.- Desde su área se está fomentando la compra pública de Innovación

En España la licitación pública representa el 13% del PIB y el gasto público alrededor del 40%. La Administración General de Estado se ha comprometido a alcanzar en 2013 el 3% de su presupuesto en inversiones a través de la compra pública innovadora y estamos trabajando para que este objetivo sea una realidad, con las correspondientes ventajas tanto para compradores como para adjudicatarios. Para los compradores públicos supone la mejora en la prestación de los servicios derivadas de la incorporación de innovaciones así como la reducción del impacto económico de la fase de I+D. Para los adjudicatarios implica un acceso rápido a financiación bonificada y un cliente directo de lanzamiento y aval para la internacionalización. Así, el Ministerio de Economía y Competitividad, a través del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), financiará a las empresas el coste de la innovación asociada para que al órgano público le cueste lo mismo que si comprara la tecnología ya desarrollada.

P.- España tiene materia humana para abordar la búsqueda de soluciones

España tiene un potencial muy importante en su personal investigador, que es la piedra angular de las acciones en el campo de la I+D+i. Además, España ha logrado alcanzar en menos de quince años una situación científica que pocos hubiéramos imaginado. El crecimiento ha sido innegable. Actualmente el país tiene científicos de primer nivel y, aun así, sabemos que siempre hay margen de mejora y que mucho de este capital humano no está siendo aprovechado como debería. Debemos trabajar para lograr que estos casos cada vez sean menos y que el mejor personal formado en el país beneficie al país que ha invertido en ellos. El retorno es crucial. 

También lo es el favorecer que ese capital humano de primer nivel se conecte con el mundo privado y sus conocimientos lleguen a las empresas. Incluso crear la cultura en el mundo empresarial y en el mundo científico para que haya un flujo de recursos humanos que ayude a beneficiarse mutuamente.

P.- ¿Es una cuestión de supervivencia?

De supervivencia y de superación. La actual situación económica y social nos debería conducir a reflexionar sobre las causas que nos han llevado hasta aquí. La I+D+i debería ser el motor del modelo de cambio productivo. Todos los grandes cambios se logran de un modo progresivo, y creo que avanzamos por el camino adecuado. Ya hemos consolidado el sistema científico de nuestro país, ahora nos queda perfeccionarlo y hacerlo más competitivo y de mayor calidad. Preparar el sistema para cuando vengan tiempos mejores, que vendrán, no me cabe la menor duda. Debemos luchar por conseguir que la innovación se posicione al mismo nivel que la ciencia. Somos el 9º país mundial en términos de producción científica, sin embargo en los indicadores de innovación que maneja el Global Competitiveness Report estamos en el puesto 36º y en la Europa a 27 en el18º. Tenemos que mejorar estos niveles, es una cuestión clave para el futuro de este país. 

P.- ¿Gastamos suficiente o gastamos mal?

Ninguna de las dos cosas. La ciencia, la tecnología y la innovación deben contribuir de manera decidida a afrontar los retos sociales con soluciones innovadoras y a traducir el conocimiento en valor añadido. Para que esto se convierta en realidad tenemos que invertir correctamente lo que gastamos, priorizando unos conceptos frente a otros conforme a las capacidades reales en materia de I+D+i. La reducción del gasto público, marcada por el esfuerzo del ahorro y la austeridad, la hemos hecho con el firme convencimiento de que hemos eliminado gastos innecesarios que provocaban duplicidades y solapamientos. Creo que este esfuerzo de racionalización del uso de los recursos disponibles en el campo de la investigación, desarrollo e innovación es necesario como parte integral de la estrategia del Gobierno para la mejora de la competitividad de nuestro país.

P.- En las últimas reuniones del Rey o del presidente de Gobierno con empresarios no había, por decirlo de algún modo, ningún “Steve Jobs”, solo empresas de servicios, muchas de ellas con tarifas reguladas o que viven del presupuesto público

Es cierto que en el cuadro de indicadores de la UE sobre inversión en I+D industrial sólo hay 25 empresas españolas que aparecen entre las 1000 empresas que más invierten en I+D -frente a 206 de Alemania o 244 de Reino Unido-, pero las empresas españolas ocupan posiciones de liderazgo dentro de sus respectivos sectores, lo cual indica que existe la capacidad, la voluntad de liderazgo y de invertir en futuro. 

P.- ¿Influyen en la solución de esta situación los ciclos políticos?

Cuando hablamos de ciclos políticos hablamos de cambios. Y lo que necesita este país en Investigación, Desarrollo  e Innovación es, por encima de todo, estabilidad y una estrategia a largo plazo. La situación actual es el resultado de esta falta de estabilidad. Se ha avanzado mucho, eso es innegable, pero ahora debemos avanzar mejor. Si no tenemos grandes presupuestos, todavía es más necesaria esta estabilidad. Los científicos y tecnólogos llevamos mucho tiempo hablando del llamado pacto por la ciencia, un pacto que nos conduciría al contexto idóneo para seguir trabajando y establecer definitivamente las políticas de medio o largo recorrido, que son las que, con los años, terminan convirtiendo un país en excelente y competitivo.

 
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